CONTENIDO de la Fe y Práctica: PARTE PRIMERA: Declaración Autorizada de Fe (Contenido II; Indice de Literatura)
Capítulo I La Iglesia Sección 1 Verdades Esenciales Extracto de la Carta de George Fox al Gobernador de la Isla Barbados, 1671 |
Declaración de los principios fundamentales de la Verdad Cristiana Proclamada por la Iglesia Amigos en la Conferencia en Richmond, Indiana en 1887 Dios |
Introducción |
CONTENIDO de la Fe y Práctica: PARTE SEGUNDA: El Proceder de la Iglesia (Contenido I; Indice de Literatura)
1.
Farmer, Samuel, "La Junta Mensual", Presidente Moderador de la Junta Mensual de Alamitos (Garden Grove, California)
2. Kelly, Mark, "El Autoexamen para los Amigos".
3. Sarver, Keith Orlando,"Guía para Pastores y Concilios" Superintendent General de la Junta Anual de California, 1958-1982.
Ver: Contenido I; Contenido II
La Iglesia Amigos, frecuentemente llamada "Quakers," (Cuáqueros) tuvo sus principios en Inglaterra a mediados de siglo XVII. George Fox empezó su ministerio en l,647. La posición de los Amigos era la conclusión lógica de la Reforma Protestante y marcó la culminación en el desarrollo de la doctrina que había estado avanzando por períodos irregulares por más de un siglo. Ellos proclamaban la verdad que la salvación era un asunto personal entre el alma y Dios y no depende de la intervención de los oficios de la iglesia o de ninguno de sus funcionarios en la administración de ningún rito, ordenanza o ceremonia. Ellos aceptaron las principales doctrinas de la Edad Apostólica de la Iglesia y distintivamente enfatizaron la verdad de que el Espíritu Santo ilumina cada alma para revelar su condición y hace al individuo sentir la necesidad del Salvador. Ellos enfatizaron la verdad adicional que la promesa de Cristo de plantar una nueva vida en el alma y permanecer allí para iluminarla, alimentarla con el pan de vida y para guiarla a la verdad, se ha convertido en una realidad práctica para ser conocida y experimentada por cada creyente fiel. Ellos proclamaron que el verdadero bautismo es el de Cristo, él mismo que bautiza a su pueblo con el Espíritu Santo y que la verdadera comunión es la participación espiritual del cuerpo y la sangre de Jesucristo por fe.
Este mensaje claro y vigoroso, referente a la libertad y la espiritualidad del Evangelio, atrajo a multitudes de personas quienes habían buscado la verdad en la interminable disputa de los tiempos. La Sociedad Amigos fue organizada con gran número de adherentes. Ellos tomaron el título de "Sociedad" porque era considerado que el término "Iglesia" pertenece al cuerpo entero de Cristo y que ninguna porción del cuerpo tenía el derecho de asumir para ella misma un nombre que implicaba cualquier exclusión de los demás. Las demandas de la Iglesia oficial del Estado, hasta cierto punto, hicieron esto necesario. El nombre "Amigos" fue tomado de acuerdo con la declaración del Maestro: "Vosotros soís mis amigos, si haceís lo que yo os mando" (Juan 15:14). Por algún tiempo los miembros se llamaban a sí mismos "Los Amigos de la Verdad."
Las doctrinas distintivas que los Amigos tienen, desde el principio, los guió a líneas especiales de servicio que han resultado en gran beneficio a la humanidad. Porque ellos no consentirían requerimientos injustos; luego fueron encarcelados en gran número en Inglaterra hasta que su resistencia pasiva a la opresión despertó la conciencia de la nación y esto resultó en obtener muchas bendiciones de libertad civil y religiosa, la cual ahora todos disfrutamos. Ellos eran los oponentes constantes y obstinados de la esclavitud humana cuando estuvieron casi solos en su oposición. Los Amigos se han opuesto a la guerra como una violación a los principios del cristianismo, así como a los preceptos del Fundador y como causa de innumerables males a la humanidad. Siempre defendieron métodos pacíficos de asentar disputas entre naciones. Constantemente ellos han defendido la justicia para los indígenas de Norte América y han trabajado independientemente y como representantes del gobierno para su incorporación a la estructura social y política con bases de igualdad. Los Amigos han buscado compartir con los indígenas el mensaje libertador del Evangelio. Creyeron que los juramentos fueron prohibidos por Cristo y obtuvieron en todos los países de habla inglesa el privilegio de "afirmar" la verdad. Ellos defendieron y en muchos casos inaugurado reformas de prisión, las cuales han aliviado grandemente los sufrimientos de los reos. Estuvieron entre los líderes en el trato razonable y cristiano a los enfermos mentales y en muchas otras maneras se han ocupado en el servicio que ellos han sentido ser su deber para bien de la humanidad.
Los Amigos llegaron a América pronto después de su principio en Inglaterra. La Junta Anual en Nueva Inglaterra fue establecida en 1671 o talvez antes; Baltimore en 1672; Virginia en 1673 y se unió con Baltimore en 1845; Filadelfia en 1681; Nueva York en 1695, organizado por Nueva Inglaterra; Carolina del Norte en l698; Ohio en 1813 por Baltimore; Indiana en 1821 por Ohio; El Oeste en 1858 por Indiana; Iowa en l,863 por Indiana; Canadá en 1867 por Nueva York; Kansas en 1872 por Indiana; Wilmington en 1892 por Indiana; Oregón en 1893 por Iowa; California en 1895 por Iowa; Nebraska en 1908 por la Junta Quinquenal.
Para considerar situaciones especiales se llevó a cabo una conferencia en la ciudad de Filadelfia en 1829 y en Baltimore en 1849. La Primera Conferencia General de las Juntas Anuales fue en Richmond, Indiana, en 1887 y se hicieron presentes delegados de Londres y Dublin y de todas las Juntas Anuales del continente de Norte América excepto Filadelfia, la cual estaba representada pero no oficialmente. Después fue decidido tener conferencias similares de las Juntas Anuales de Norte América reuniéndose una vez cada 5 años. Fueron celebradas en Indianápolis, Indiana en 1892 y 1897. En la postrera Conferencia sintieron la necesidad de una unión más estrecha de las Juntas Anuales y que una declaración de fe uniforme sería agradable. Un comité fue nombrado y preparó una constitución con una explicación clara de nuestra fe.
La Junta Quinquenal de Amigos en América fue organizada en Indianápolis en 1902 y el nombre fue cambiado a "Junta Unida Amigos" en 1966.
Para el año 1986, los Amigos en las Américas habían desarrollado una variedad de énfasis doctrinales y métodos de organización. Habían cuatro grupos principales, de los cuales la Junta Unida Amigos era la más grande, comprendiendo una delegación representativa de aproximadamente la mitad de las Juntas Anuales de los Amigos en el mundo, constituido de 17 Juntas Anuales en Norte América, el Caribe y el Africa: Baltimore, California (el nombre de Junta Anual de California fue cambiado a Iglesia Amigos de la Junta Anual del Sudoeste en l986), Canadá, Cuba, Africa del Este, Africa del Sur, Elgón (en el este de Africa), Indiana, Iowa, Jamaica, Nebraska, Nueva Inglaterra, Nueva York, Carolina del Norte, Sudeste, Oeste y Wilmington.
Además de la Junta Unida Amigos a la cual la Junta Anual del Sudoeste se afilió, habían 3 asociaciones principales de Juntas Anuales y 6 Juntas Anuales independientes en Norte América. Las principales fueron la Asociación de Amigos Conservadores con 3 Juntas Anuales; Conferencia General de Amigos con 11 Juntas Anuales y la Alianza Evangélica Amigos consistiendo de 4 Juntas Anuales.
Los intereses de la Junta Unida Amigos fueron combinar talentos, conceptos, recursos y fuerzas de sus afiliados para extender por el mundo el testimonio Cristiano Amigos y de proveer recursos prácticos para sus iglesias empeñadas para servir a sus miembros y sus comunidades.
Ver: Contenido I; Contenido II
1° La Iglesia de Cristo está compuesta por aquellas personas quienes, a través del arrepentimiento de sus pecados y fe en el Señor Jesucristo como su Salvador, han nacido en su Reino por el Espíritu Santo. Por la revelación del Espíritu Santo ellos miran a Cristo como su Profeta, Sacerdote y Rey; por el bautismo y poder del Espíritu Santo son capacitados para resistir la tentación y vivir en obediencia a la santa voluntad de Dios.
2° Una denominación cristiana es una organización compuesta de aquellos que mantienen puntos de vista similares de las enseñanzas de las Sagradas Escrituras; mantienen ciertas prácticas basadas en dichas enseñanzas y voluntariamente se asocian entre ellos mismos para participar juntos en adoración, confraternidad, ayuda mutua y para unir esfuerzos en la promoción de la verdad y la justicia. La denominación Amigos es un cuerpo cristiano como se ha delineado arriba.
3° Cada cuerpo denominacional tiene su propio sistema de gobierno y reglas de conducción de sus negocios y observación individual por sus miembros.
Ver: Contenido I; Contenido II
El principio vital de la fe Cristiana es la verdad que la salvación del hombre y la vida más alta son asuntos personales entre el alma del individuo y Dios.
La salvación es una liberación del pecado y la posesión de vida espiritual. Esto viene a través de una fe personal en Jesucristo como el Salvador, quien, a través de su amor y sacrificio, nos atrae a El.
La convicción del pecado se despierta por la operación del Espíritu Santo causando que el alma sienta necesidad de la reconciliación con Dios. Cuando Cristo es visto como la única esperanza de salvación y el hombre se rinde a El, está llevado a novedad de vida y se da cuenta de que el ser hijo de Dios se ha convertido en una realidad. Esta transformación es forjada, sin la mediación de sacerdote humano, ordenanza, o cualquier ceremonia. Una naturaleza y vida cambiada testifican a esta nueva relación del alma con Dios.
La vida espiritual completa crece de la relación del alma con Dios y su cooperación con El, sin observaciones exteriores o tradiciones.
El Cristo mismo bautiza el alma rendida con el Espíritu Santo, dotándole con poder, otorgando dones para servir. Este es un bautismo eficiente que viene directamente del poder divino para la transformación y control del hombre completo. Cristo mismo es el pan espiritual que alimenta el alma y El así entra para hacerse parte íntegral del ser de aquellos quienes participan de El. Esta participación con Cristo y creciendo en el conocimiento de El, se convierte en la meta de su vida para el cristiano. Aquellos que así entran en unidad con El también vienen a formar parte de la unión viviente con cada uno de los otros miembros como un solo cuerpo.
Ambos, la adoración y compañerismo cristiano, brotan de esta relación íntima con su Señor.
Las Sagradas Escrituras han sido dadas por medio de la inspiración de Dios y son el registro autorizado divinamente de las doctrinas, las cuales los cristianos deben aceptar y de los principios morales que regularán sus vidas y acciones. En ellas, interpretadas y reveladas por el Espíritu Santo, hay siempre una fresca e infalible fuente de verdad espiritual para guiar debidamente la vida y la práctica.
Las doctrinas de los días apostólicos son retenidas por los Amigos como esenciales del cristianismo. La paternidad de Dios, la Deidad y la humanidad del Hijo, el don del Espíritu Santo, la expiación por Jesucristo por medio del cual los hombres son reconciliados con Dios, la Resurrección, el Sumo Sacerdocio de Cristo y el sacerdocio individual de los creyentes son las verdades más preciosas para mantener, no como dogmas tradicionales, sino como realidades vitales y vivificantes.
La condición pecaminosa del hombre, su inclinación para rendirse a la tentación, la absoluta necesidad mundial de un Salvador y la limpieza del pecado para perdón y santificación por medio de la sangre de Jesucristo, son incentivos latentes para todos aquellos que creen y se convierten en obreros de Dios, extendiendo su Reino. Por medio de este llamamiento supremo, los Amigos están comprometidos para la proclamación de la verdad dondequiera que el Espíritu les guíe, ya sea en campos domésticos y extranjeros.
El Espíritu que vive dentro del corazón, guía y controla la vida de la persona rendida y la constante y suprema actividad del cristiano es obediencia a El. Pero mientras la importancia de guía individual y obediencia está así enfatizada, este factor no da motivo para permitir la libertad inmoderada de un solo individuo; sino las conclusiones santificadas de la Iglesia son de más autoridad que el juicio de un solo individuo.
Los Amigos no encuentran ninguna evidencia o autoridad en las Escrituras que permita alguna forma o grado de sacerdotalismo en la Iglesia Cristiana, o para el establecimiento de alguna ordenanza o rito ceremonial que se observa permanentemente. Las enseñanzas de Jesucristo concernientes a la naturaleza espiritual de la religión, la imposibilidad de promover la vida espiritual por medio de la aplicación ceremonial de cosas materiales, el hecho de que la fe en Jesucristo mismo es todo suficiente, el propósito de Su muerte, resurrección y ascensión y Su presencia en el corazón del creyente, virtualmente eliminan todo sistema ceremonial y señala al alma el único recurso satisfactorio de poder y vida espiritual.
Con fe en la sabiduría de Dios Todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, creemos que es Su propósito hacer de Su Iglesia un poder para rectitud y verdad en este mundo. Los Amigos trabajan para el alivio del sufrimiento humano, para la elevación intelectual, moral y espiritual de la humanidad y para purificar y elevar la ciudadanía. Los Amigos creen que la guerra es incompatible con el Cristianismo y buscan promover métodos pacíficos para arreglar todas las diferencias, tanto entre las naciones como entre los hombres individualmente.
Es una parte esencial de la fe que el hombre sea en verdad lo que él profesa ser en palabra. La base fundamental de la vida y acción del individuo y de la sociedad es la transformación por el poder de Dios y la obediencia completa a Su voluntad divina revelada.
Para una exposición más explícita y amplia de las creencias de los Amigos, se hace referencia a las declaraciones oficialmente publicadas en varias épocas, especialmente a la carta de George Fox al Gobernador de Barbados en el año l,671 y a la Declaración de Fe publicada por la Conferencia de los Amigos en Richmond, Indiana, Estados Unidos de América, en l,887.
Ver: Contenido I; Contenido II
Nosotros confesamos y creemos en el único Dios, Sabio, Omnipotente y Eterno; el Creador de todas las cosas en el cielo y en la tierra y el Preservador de todo lo que ha hecho; el cual es Dios sobre todo y bendito para siempre, a quien sea todo honor, gloria, poderío, alabanza y acción de gracias ahora y para siempre.
Confesamos y creemos en Jesucristo, su Hijo Amado y Unigénito, en el cual tiene su complacencia, quien fué concebido por el Espíritu Santo y nació de la virgen María; en El tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados; el cual es la imagen expresa de Dios Invisible, el Primogénito de toda criatura y por quien fueron creadas todas las cosas que están en los cielos y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, dominios, principados o potestades; todo fué creado por El. Confesamos y creemos que fué hecho sacrificio por nuestros pecados; quien no conoció pecado ni fué hallado engaño en su boca; que fué crucificado por nosotros en la carne, fuera de los muros de Jerusalén; que fué sepultado y se levantó al tercer día por el poder de su Padre para nuestra justificación; que ascendió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios. Este Jesús, el fundamento de los santos profetas y apóstoles, es el fundamento de nuestra fe también.
Creemos que nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo, que gustó la muerte por cada hombre y derramó su sangre por todo el género humano; que es la propiciación por nuestros pecados y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo, según el testimonio de Juan el Bautista, cuando dijo: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan l:29). Creemos que El es el único Redentor y Salvador, el Capitán de nuestra salvación, que nos salva del pecado, del infierno y de la ira venidera y destruye al diablo y su obra; El es la Simiente de la mujer que hiere la cabeza de la serpiente, es decir, Jesucristo, el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Es, (como dicen de El las Escrituras de verdad), nuestra sabiduría, justicia, justificación y redención. No hay salvación en ningún otro, porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. El es el único Pastor y guardián de nuestras almas; es nuestro Profeta, del cual Moisés ha testificado, diciendo: "El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a El oiréis en todas las cosas que os hable. Y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo" (Hech. 3:22,23).
El es el que ha venido "y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero" (1ª Juan 5:20). Cristo gobierna en nuestros corazones por su ley de amor y vida y nos hace libres de la ley del pecado y de la muerte. No tenemos vida sino por El; es el Espíritu vivificador, el segundo Adán, el Señor del cielo, por cuya sangre somos limpios y nuestra conciencia es purificada de las obras muertas para servir al Dios vivo. Es nuestro Mediador, el que hace la paz y la reconciliación entre Dios ofendido y nosotros ofensores, siendo El el juramento de Dios, el nuevo pacto de luz, vida, gracia y paz, el autor y consumador de nuestra fe. Confesamos y creemos en este Señor Jesucristo, el Hombre Divino, el Emanuel, Dios con nosotros; contra el cual el sumo sacerdote se enfureció y dijo que había hablado blasfemia. El sacerdote y los ancianos entraron en consejo y le entregaron a muerte; el mismo que fué entregado a los judíos por Judas por 30 piezas de plata, las cuales los sacerdotes le concedieron como premio de su traición. También dieron mucho dinero a los soldados para decir una mentira horrible, como ésta: "Sus discípulos vinieron de noche y lo hurtaron, estando nosotros dormidos" (Mat. 28:13). Después que se levantó de entre los muertos, la historia de los Hechos de los Apóstoles relata cómo los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo persiguieron a los discípulos de Jesús, porque predicaron a Cristo y su resurrección. Este, repetimos, es Aquel Señor Jesucristo, el cual confesamos que es nuestra salvación y vida.
En cuanto a las Sagradas Escrituras, creemos que fueron dadas por el Espíritu Santo de Dios por medio de hombres santos de Dios, quienes, según declara la misma Escritura, hablaron siendo inspirados por Dios (2ª Ped. 1:21). Creemos que se deben leer, creer y cumplir, (el que las cumple es Cristo) y que son útiles "para enseñar, para redargir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra," (2ªTim. 3:16,17)., y "pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús." (2ª Tim. 3:15).
Ver: Contenido I; Contenido II
Con profundo sentimiento de lo que debemos a Aquel que nos ha amado, nos sentimos obligados a ofrecer una declaración de las doctrinas fundamentales de la verdad cristiana, como siempre han sido profesadas por nuestra denominación como parte de la Iglesia de Cristo en el mundo.
Creemos en un Dios Santo (Isa. 6:3; 57:15); Todopoderoso (Gen. 17:1); Todo Sabio (Rom. 11:33; 16:27), Sempiterno (Sal. 90:1,2), Dios Padre (Mat. 11:25-27), el Creador (Gen. 1:1) y Conservador (Job 7:20) de todas las cosas; en Jesucristo, su Unico Hijo, Nuestro Señor, por quien todas las cosas fueron hechas (Jn. 1:3), en quien subsisten todas las cosas (Col. 1:17); en el Espíritu Santo, procedente del Padre y del Hijo (Jn. 15:26; 16:7), el que reprende (Jn. 16:8) al mundo y es el Testigo de Cristo (Jn. 15:26); el Maestro (Jn. 14:26); Guía (Jn. 16:13) y Santificador del pueblo de Dios (2ª Tes. 2:13); que estos Tres son Uno en la eterna Deidad (Mat. 28:19; Jn. 10:30; 17:21), a quien sea honor, alabanza y acción de gracias ahora y siempre. Amén.
Con gratitud y reverencia profesamos nuestra inalterable lealtad a nuestro Señor y Salvador Jesucristo. "Ningún hombre ha visto jamás a Dios, mas su Unigénito Hijo que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer" (Jn. 1:18). "En El estaba la vida y la vida era la luz de los hombres" (Jn. 1:4). "Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo" (Jn. 1:9). "En el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios" (Jn. 1:1,2), "revelándose en sabiduría y amor infinitos, como Creador y Redentor de los hombres; por quien todas las cosas fueron hechas, tanto visibles como invisibles" (Col. 1:13-16). Concebido por el Espíritu Santo, (Mat. l:20) y nacido de la virgen María, (Mat. 1:23-25; Luc. 1:35), "el Verbo fue hecho carne y habitó entre los hombres" (Jn. 1:14).
Vino en la plenitud del tiempo señalado (Gal. 4:4), ya previsto desde la fundación del mundo (1ª Ped. 1:20), "para que cumpliese el eterno consejo de la justicia y el amor de Dios para la redención de los hombres" (Isa. 11:1-5; 52:13-53:12). "En El habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad," (Col. 2:9). "sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo hecho semejante a los hombres" (Fil. 2:7), "que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos," (2ª Cor. 8:9),"el resplandor de su gloria" (Heb. 1:3), "se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor para con los hombres de una manera adecuada a nuestra necesidad y finita inteligencia" (Tito 3:4).
"El anduvo haciendo bienes y sanando a todos" (Hech. 10:38); "por nosotros fue azotado, sufrió angustia, tristeza," (Isa, 53:4; Luc. 12:50; 19:41), sed y cansancio (Jn. 4:6); dolor, angustia indecible de cuerpo y alma (Luc. 22:43, 44;), "siendo tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado" (Heb. 4:15). "Así se humilló a sí mismo a fin de que fuésemos nosotros ensalzados." Reconoció enfáticamente que los deberes y sufrimientos de la humanidad son medios de que se vale Dios para disciplinarnos a través de la obediencia de la fe para la ciudadanía en el cielo, santificando a nuestro bien estos sufrimientos y dejándonos el único ejemplo perfecto (lª Ped. 2:21) de uno que cumple toda justicia (Mat. 3:15) inspirado por el amor desinteresado.
No solamente en estas benditas relaciones debe ser el Señor Jesús siempre precioso a su pueblo. En El ha sido revelado a la vez el verdadero Dios y el hombre perfecto, un Redentor hábil y poderoso para salvar. Se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz (Fil. 2:8). "El es la propiciación por nuestros pecados y no solamente por los nuestros, sino también por los pecados de todo el mundo" (1ª Jn. 2:2); "en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados según las riquezas de su gracia", (Efe. 1:7). Con gozo confesamos que la remisión de pecados de que participan los creyentes es por medio y en virtud de este aceptable sacrificio y no de otra manera. (Tomado de "Apology" (la Apología) por Robert Barclay, Proposición 5 y 6, párrafo 15, página 141, en Inglés).
"El fue sepultado y resucitó al tercer día" (1ª Cor. 15:4), "según las Escrituras, siendo primicias de los que durmieron" (1ª Cor. 15:23), "habiéndose mostrado vivo, después de su pasión, por muchas pruebas infalibles," (Hech. 1:3), "subió al cielo y se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, para interceder por nosotros en la presencia de Dios" (Heb. 1:3; 9:24). Con los apóstoles que vieron su ascensión, esperamos en la segura promesa hecha por boca de los mensajeros celestiales: "Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo" (Hech. 1:11).
Desearíamos unirnos con el Apóstol Juan en las palabras: "Amén; sí, ven, Señor Jesús" (Apoc. 22:20). Ahora, mientras estamos esperando y velando, nos llena de regocijo en creer que El es nuestro Rey y Salvador. El es el único Mediador del pacto nuevo (1ª Tim. 2:5; Heb. 9:15), quien hace la paz y reconciliación entre Dios ofendido y el hombre ofensor. (Véase la Carta de George Fox al Gobernador de Barbados, Cap. 2, Sección 2, pág. 9 de este libro.) Sumo Sacerdote, cuyo sacerdocio es inmutable (Heb. 4:14; 7:24), puede también salvar completamente a los que por El se acercan a Dios porque vive eternamente para interceder por ellos (Heb. 7:25). Todo poder le es dado en el cielo y en la tierra (Mat. 28:18). Por El será juzgado con justicia el mundo (Hech. 17:31); porque el Padre a nadie juzga, habiendo entregado todo el juicio al Hijo, para que todos honren igualmente al Hijo como al Padre (Jn. 5:22,23). Todos los que están en los sepulcros oirán su voz y saldrán, los que han hecho bien a la resurrección de vida y los que han hecho mal a la resurrección de juicio (Jn. 5:28,29).
Reverentemente confesamos y creemos que honor y culto divinos se deben tributar al Hijo de Dios, que se debe orar a El con fe verdadera y pedir en su nombre, como hacían los primitivos cristianos, por causa de la bendita unidad del Padre y del Hijo; que no podemos ofrecer aceptablemente oraciones ni alabanzas a Dios, ni recibir su graciosa respuesta y bendición, sino a través de su querido Hijo. (Según Declaración de l,693, en el libro, "Sewell's History" (Historia por Sewell) , Vol.11, pg. 379).
Con acción humilde de gracias, queremos dar un fiel testimonio del poder y dominio perpetuo de Nuestro Señor en su Iglesia. Por El los redimidos de todas las generaciones han recibido la luz, el perdón y el gozo. Todos los miembros de esta Iglesia, sea cual fuere su nombre o denominación, son los que han sido bautizados por un mismo Espíritu en un mismo cuerpo; que son piedras vivas, edificadas sobre Cristo Jesús, el fundamento eterno y que están unidos en fe, amor y fraternidad, en y por el Padre y el Hijo. De esta Iglesia el Señor Jesús es la única cabeza (Efe. 1:20-23). Todos los miembros están unidos en El. Ellos han lavado sus ropas y las han emblanquecido en su preciosa sangre (Apoc. 7:14) y El los ha hecho sacerdotes de Dios, su Padre (Apoc. 1:6). El mora en sus corazones por la fe y les concede su paz. Su voluntad es la ley de ellos y en El gozan de la verdadera libertad de la servidumbre del pecado.
Creemos que el Espíritu Santo es, en la unidad de la Deidad eterna, uno con el Padre y con el Hijo (Mat. 28:19; 2ª Cor. 13:14). "El Consolador,el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre" (Jn. 14:26), "y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Jn. 16:8) y quien da testimonio de Jesús y le glorifica (Jn. 15:26, 16:4).
El Espíritu Santo es quien manifiesta el pecado. El vivifica a los que están muertos en sus pecados y transgresiones y abre los ojos del alma para ver al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Efe. 2:l).
Viniendo en el nombre y con la autoridad del Señor que resucitó y subió al cielo, El es la preciosa prenda del amor y cuidado continuo de nuestro Rey ensalzado. El toma de las cosas de Cristo y las revela, como posesión real del alma del creyente (Jn. 16:14). Morando en los corazones de los creyentes (Jn. 14:17), abre su entendimiento para hacerles comprender las Sagradas Escrituras y llega a ser, para el corazón sumiso y contrito, su Guía, su Consolador, su Sostén y su Santificador.
Creemos que la capacitación esencial para el servicio del Señor es dada a sus hijos por medio de la recepción y el bautismo del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el sello de la reconciliación del creyente con Cristo Jesús (Efe. 1:13,14), el Testigo de su adopción a la familia de los redimidos (Rom. 8:15,16); el anticipo de la plena comunión y el gozo perfecto que están reservados para los que permanecen fieles hasta el fin.
No reconocemos ningún principio de luz espiritual, vida verdadera o santidad como cosa inherente por naturaleza de la mente o en el corazón de los hombres. Creemos que solamente por la influencia del Espíritu Santo de Dios, concedida a la humanidad en diversos grados por nuestro Señor Jesucristo, podemos recibir luz espiritual y vida verdadera o santidad.
La capacidad de recibir esta bendita influencia es lo que en una manera especial da la preeminencia al hombre sobre las bestias que perecen; que le distingue en toda nación y clima como objeto del amor de Dios que redime; como un ser no solamente inteligente sino responsable; para quien el mensaje de la salvación por medio de nuestro Redentor crucificado, es, bajo todas las circunstancias posibles, diseñado para ser nuevas de gran gozo. Debemos siempre distinguir al Espíritu Santo de la conciencia que El ilumina y de la facultad natural de la razón, que cuando ésta no se sujeta a su Santa Influencia es, en las cosas que se refieren a Dios, insensatez. Como el ojo es al cuerpo, así es la conciencia a nuestro ser interior el órgano por cuyo medio vemos. Mas como la vida y la luz son esenciales al ojo, así la conciencia, como ojo interior, no puede ver rectamente sin esta influencia vivificadora de la iluminación del Espíritu Santo.
Siendo uno con el Padre y con el Hijo, el Espíritu Santo jamás puede desconocer ni deshonrar a Cristo crucificado, más ahora el resucitado y glorificado Redentor. Desechamos toda pretensión de iluminación o espiritualidad que se halla divorciada de la fe en Jesucristo de Nazaret, crucificado por nosotros fuera de los muros de Jerusalén.
Siempre ha sido y es la creencia de la Iglesia Amigos que las Santas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testmentos fueron dadas por inspiración de Dios; por lo tanto, no puede haber apelación de su autoridad a otra autoridad alguna; que son aptas para hacernos sabios para la salvación, por medio de la fe en Cristo Jesús. "Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (Juan 20:31). Las Sagradas Escrituras son el único registro autorizado de doctrinas que nosotros, como cristianos, debemos de aceptar y cuyos principios de moral deben ser la regla de nuestra conducta. Nadie puede ser obligado a creer, como artículo de fe, alguna doctrina que no se halle en ellas; él que obre o diga alguna cosa contraria a las Escrituras, pretendiendo ser guiado inmediatamente por el Espíritu Santo, debe ser considerado como iluso o engañado. El cristiano encuentra en el Antiguo Testamento el solemne y repetido testimonio acerca de Cristo, su Señor. Debe leerse a la luz que sobre él difunde su cumplimiento en el Nuevo Testamento; así su sentido será descubierto y el humilde discípulo de Cristo aprenderá a discernir la unidad y mutua adaptación de los dos Testamentos, la Biblia completa, con su múltiple y armonioso testimonio acerca de Cristo.
El Gran Inspirador de las Escrituras es siempre su verdadero intérprete. Cumple su oficio con condescendiente amor, no sustituyendo, sino renovando e iluminando nuestro entendimiento. Donde Cristo preside, la especulación ociosa se desvanece; su doctrina es aprendida haciendo su voluntad y todo conocimiento conduce a una experiencia más rica y profunda de su verdad y de su amor.
Agradó a Dios en su sabiduría y bondad crear al hombre del polvo de la tierra, el soplo de vida y el hombre fué hecho alma viviente, formado a imagen y semejanza de Dios, capaz de cumplir la ley divina y tener comunión con su Hacedor (Gen. 2:7; 1:26,27). Libre para obedecer o desobedecer, cayó en la transgresión por su incredulidad, bajo la tentación de Satanás (Gen. 3:1-7) y perdió aquella vida espiritual de justicia en que fue creado; por eso la muerte vino sobre él como consecuencia inevitable de su pecado (Rom. 5:12). Como hijos de Adán, caído, toda la humanidad lleva su imagen. Todos participan de su naturaleza y están envueltos en las consecuencias de su caída. A cada miembro de las generaciones sucesivas son igualmente aplicables las palabras del Redentor: "Os es necesario nacer de nuevo" (Juan 3:7). Pero, mientras tenemos esta convicción del estado del hombre en la caída, nos consuela la creencia que el pecado no es imputado a nadie, hasta que traspasa la ley divina, después de haber recibido suficiente capacidad para entenderla y que los infantes, aunque heredan esta naturaleza caída, son salvos por la infinita misericordia de Dios, por medio de la redención que está en Cristo Jesús.
"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16). Creemos que la justificación viene de la libre gracia de Dios, por la cual, él que se arrepiente con verdadera fe recibe el perdón del pecado y esa gracia le da una nueva vida. La recibe, no como recompensa de las obras que haya hecho (Tito 3:5), sino por la misericordia inmerecida de Dios, en Cristo Jesús. Por la fe en El y el derramamiento de su preciosa sangre la culpa del pecado es quitada y quedamos reconciliados con Dios. La ofrenda de Cristo como la propiciación por los pecados de todo el mundo es a la vez la manifestación señalada de la justicia y del amor de Dios. En esta propiciación el perdón del pecado no involucra la abrogación ni relaja la ley de la santidad; es mas la vindicación y la confirmación de aquella ley (Rom. 3:31) en virtud de la libre y justa sumisión del Hijo de Dios a todos sus mandamientos.
El, el justo e inmutable, se proclama como justificador de aquel que cree en Jesús (Rom.3:26). Por todas las edades, los sufrimientos y muerte de Cristo han sido un misterio oculto y roca de escándalo a la incredulidad y soberbia del corazón humano en su estado caído; sin embargo, al humilde penitente, cuyo corazón está quebrantado por el poder convincente del Espíritu, la vida se revela en aquella muerte. Cuando fija la vista en Aquel que fue herido por nuestras transgresiones (Isa. 53:5) y sobre quien quiso al Señor poner la iniquidad de todos nosotros (Isa. 53:6), su ojo se abre más y más para ver y su corazón para entender en gran manera lo destructivo que es el pecado por el cual el Salvador murió; mientras que con un sentimiento de gracia que perdona, se regocijará en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación (Rom. 5:11).
Creemos que hay íntima conexión entre la justificación y la regeneración y que los que llegan a obtener esta experiencia reconocen que no son suyos propios (1ª Cor. 6:19), sino que siendo reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, son salvos por su vida (Rom. 5:10); un corazón nuevo con nuevos deseos es dado al creyente; dejando atrás las cosas viejas, somos hechos nuevas criaturas (2ª Cor. 5:17) por la fe en Cristo Jesús; habiendo sido sujetadas nuestras voluntades a su voluntad santa, la gracia reina por la justicia para vida eterna, mediante nuestro Señor Jesucristo (Rom. 5:21).
La santificación se experimenta aceptando a Cristo por la fe viva para justificación; el pecador, perdonado por la fe en Cristo, se viste de su justicia y recibe el Espíritu de la promesa, porque nos dice el apóstol: "Mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios" (1ª Cor. 6:11). Creemos con gozo que las provisiones de la gracia de Dios son suficientes para libertar del dominio, como también de la culpabilidad del pecado y para hacer a sus hijos creyentes triunfantes siempre en Cristo (2ª Cor. 2:14).
Cuán llena de consuelo es la declaración: "conforme a vuestra fe os sea hecho" (Mat. 9:29). Quien quiera que se someta sin reserva a Dios, creyendo y apropiándose sus promesas, ejercitando su fe en Cristo Jesús, experimentará continuamente la limpieza de su corazón por aquella preciosa sangre. Por medio del poder renovador del Espíritu Santo, será guardado de conformidad con la voluntad de Dios; le amará con todo su corazón, mente, alma y fuerza y podrá decir con el apóstol Pablo: "La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte" (Rom. 8:2). Así tendrá la plena experiencia que la santificación es la liberación de la corrupción, naturaleza y amor al pecado. A esta experiencia somos todos llamados para servir al Señor sin temor en santidad y justicia delante de El todos los días de nuestra vida (Luc. 1:74,75). La oración del apóstol a favor de los creyentes era ésta: "El mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es El que os llama, el cual también lo hará" (1ª Tes. 5:23,24).
Sin embargo, el cristiano más santo está expuesto a la tentación y a los asaltos sutiles de Satanás y solamente puede permanecer en la santidad, velando humildemente en oración y guardándose en constante dependencia de su Salvador, andando en la luz (1ª Juan 1:7) en amorosa obediencia y fe.
Creemos, según las Sagradas Escrituras, que habrá resurrección de los muertos, tanto de los justos como los injustos (Hech. 24:15) y que Dios ha establecido un día en el cual ha de juzgar con justicia a todo el mundo por aquel Varón que El ha señalado (Hech. 17:31), es decir, Jesucristo. Porque el apóstol nos dice: "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo" (2ª Cor. 5:10).
Creemos sinceramente no sólo en una resurrección en Cristo de nuestro estado caído y pecaminoso aquí, sino también en una resurrección y ascensión a la gloria con El en un tiempo futuro; para que, cuando El aparezca finalmente, aparezcamos con El en la gloria (Col. 3:4). Todos los malos que viven en rebelión contra la luz de la gracia y mueren impenitentes, saldrán a resurrección de condenación (Juan 5:28,29). El alma de cada persona será reservada en su ser propio y distinto y tendrá su propio cuerpo según a Dios le plazca darle. " Es sembrado un cuerpo natural, es levantado un cuerpo espiritual" (1ª Cor. 15:44); siendo primero lo que es natural y después lo que es espiritual. Escrito está: "Es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción y esto mortal se vista de inmortalidad" (1ª Cor. l5:53). Este cambio será de tal manera que concuerde con la declaración: "Que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción" (1ª Cor. 15:50). Seremos resucitados de toda corrupción y corruptibilidad, de toda mortalidad y seremos hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección (Luc. 20:36).
"Nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas" (Fil. 3:20,21).
Creemos que tanto el castigo de los malos y la bienaventuranza de los justos serán eternos, según la declaración de nuestro misericordioso Redentor, a quien el juicio es entregado: "Irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna" (Mat. 25:46).
Deseamos expresar nuestra continua convicción de que el Señor no ordenó ningún rito exterior ni ceremonia para observarse en su iglesia. Aceptamos todo mandamiento de nuestro Señor en lo que creemos ser su verdadero significado absolutamente concluyente. La cuestión del uso de ordenanzas externas es, en lo que toca a nosotros, cuestión no de la autoridad de Cristo, sino del verdadero intento de sus palabras.
Reverentemente creemos que, como hay un Señor y una fe, así también hay, bajo la dispensación de Cristo, un solo bautismo (Efe. 4:4,5), aquel por el cual todos los creyentes son bautizados por un solo Espíritu en un cuerpo (1ª Cor. 12:13). Este no es un bautismo exterior con agua, sino una experiencia espiritual; no es el lavamiento de las inmundicias de la carne (1ª Ped. 3:21), sino aquella obra interior que transforma el corazón y establece el alma sobre Cristo. Esto trae consigo la respuesta de una buena conciencia hacia Dios, por la resurrección de Jesucristo, en la experiencia de su amor y poder, como Salvador resucitado y glorificado.
Ningún bautismo con agua puede llenar la descripción del apóstol de ser sepultado juntamente con El para muerte por el bautismo (Rom. 6:4). Es con el Espíritu solamente que uno puede así ser bautizado. En esta experiencia se cumple lo anunciado por el precursor de nuestro Señor: "El os bautizará en Espíritu Santo y fuego" (Mat. 3:11). En este sentido aceptamos la comisión de nuestro bendito Señor, "Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mat. 28:18-20).
Creemos que esta comisión no fue destinada a establecer un rito nuevo bajo el nuevo pacto, ni para iniciación como miembros de la iglesia, cuya naturaleza es esencialmente espiritual, con una ceremonia simbólica. De otra manera no fuera posible que el apóstol Pablo, que en nada era menor que los principales de entre los apóstoles (2ª Cor. 11:5), desconociera lo que en tal caso hubiera sido parte esencial de su comisión, cuando dijo: "No me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio" (1ª Cor. 1:17). Cuando una ceremonia exterior es ordenada, los detalles, el modo e incidentes de aquella ceremonia forman parte de su esencia. Hay una ausencia total de detalles en el texto que tenemos delante (Mat. 28:18-20), lo que confirma nuestra convicción que esta comisión debe entenderse en conexión con el poder espiritual que el Señor resucitado prometió que acompañaría el testimonio de sus apóstoles y de la iglesia acerca de El, que se cumplió en el día de Pentecostés y que acompañó poderosamente su ministerio de la Palabra y sus oraciones; de modo que, aquellos a quienes fueron enviados, tuvieron un conocimiento salvador y una comunión viva con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Intimamente relacionada con la idea que acabamos de expresar, es nuestra creencia acerca de la verdadera cena del Señor. Sabemos bién que nuestro Señor se dignó hacer uso de una variedad de declaraciones simbólicas, pero muchas veces reconvino a sus discípulos porque aceptaban literalmente lo que decía con propósito espiritual. Enseñaba frecuentemente con símbolos como en sus parábolas y en su mandamiento a los apóstoles de lavarse los pies unos a otros; debían recibir siempre estas enseñanzas a la luz de su enfática declaración: "Las palabras que yo os he hablado, son espíritu y son vida" (Juan 6:63). El antiguo pacto estaba lleno de símbolos ceremoniales; el nuevo pacto, a que alude nuestro Señor en su última cena, está expresamente declarado por el profeta: "No como el pacto que hice con sus padres" (Jer. 31:32; Heb. 8:9). No podemos creer que, al establecer su nuevo pacto, el Señor Jesús intentara establecer una institución que no estuviera en armonía con el espíritu de esta profecía. El comer su carne y beber su sangre no puede ser un acto exterior. Verdaderamente participan de su carne y de su sangre aquellos que confían habitualmente en los sufrimientos y muerte de su Señor como su única esperanza y a quienes el Espíritu, morando en ellos, les da de beber de la plenitud que es en Cristo. Esta participación interior y espiritual es la verdadera cena del Señor.
La presencia de Cristo en su iglesia no está destinada a ser una representación simbólica, sino por la real comunión de su propio Espíritu. "Yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre" (Juan 14:16). El bendito Consolador manifiesta la REAL PRESENCIA del Señor en la iglesia al convencer de pecado, testificar de Jesús y comunicar a los suyos de las cosas de Cristo. El no necesita de intervención sacerdotal para comunicarles la experiencia de la verdadera conmemoración y comunión. El Redentor resucitado dice: "He aquí yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo" (Apoc. 3:20).
En una manera especial, cuando están reunidos para el culto público, los creyentes son invitados a la festividad de la paz del Señor y, en un acto unido de fe y amor, sin estar ligado por rito o ceremonia alguna, participan unidos del cuerpo quebrantado y de la sangre derramada por ellos afuera de los muros de Jerusalén. En este culto pueden comprenderse las palabras con que el apóstol habla de tan dulce y real experiencia: "La copa de bendición la cual bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan" (1ª Cor. 10:16,17).
El culto es la respuesta reverente del corazón y entendimiento a la influencia del Espíritu de Dios. No consiste en formas ni en ausencia de formas; puede ser sin palabras tan bien como con ellas, más debe ser en Espíritu y en verdad (Juan 4:24). Reconocemos el valor del silencio, no como un fin, sino como un modo de alcanzar el fin; un silencio, no ocioso ni vacío, sino una expectación santa delante del Señor. Habiendo sido hechos hijos adoptivos por la fe en el Señor Jesucristo, es nuestro privilegio reunirnos y unirnos en el culto del Todopoderoso Dios y esperar en El la renovación de nuestra fuerza, la comunión los unos para con los otros, para la edificación de los creyentes en el ejercicio de sus variados dones espirituales y para la declaración de las buenas nuevas de salvación a los inconversos que lleguen a reunirse con nosotros. El culto no depende del número. Dondequiera que dos o tres se reunen en el nombre de Cristo allí hay iglesia y Cristo, la Cabeza viviente, está en medio de ella. Por su medio, sin la necesidad de instrumento humano, se allegan al Padre y los creyentes le adoran con reverencia. El Señor Jesús ha cumplido y acabado para siempre todos los sacrificios de la Ley, por la ofrenda de sí mismo sobre la cruz por nosotros, de una vez por todas. El ha abierto la puerta de entrada al lugar santísimo y por su gracia ha provisto ofrendas espirituales para el servicio de su templo, adecuadas a las variadas condiciones de todos aquellos que le adoran en Espíritu y en verdad. El corazón quebrantado y contrito, la confesión del alma postrada delante de Dios, la oración del afligido y su desalentada lucha ardiente del espíritu, la expresión de humildes acciones de gracias, el canto espiritual y melodía del corazón (Efe. 5:19), el sencillo ejercicio de la fe, el abnegado servicio de amor, son los servicios que Cristo, nuestro misericordioso y fiel Sumo Sacerdote, se digna preparar por su Espíritu en los corazones de aquellos que le reciben, para que los presenten aceptablemente delante de Dios.
Por la operación inmediata del Espíritu Santo, El, que es la Cabeza de su iglesia, escoge y capacita a aquellas personas que deben presentar sus mensajes u ocuparse en otro servicio para El. Sabemos que el Señor ha provisto una variedad de dones (1ª Cor. 12:4-6) para las necesidades, tanto de la iglesia como del mundo; deseamos que la iglesia sienta la responsabilidad, bajo el gobierno de su Cabeza Espiritual, en hacer su parte en el desarrollo de estos dones y arreglar para su debido ejercicio.
Estos dones nos han sido concedidos, no para la exaltación del individuo, sino para nuestro provecho mutuo (1ª Cor. 12:7); y cada iglesia que vive bajo el gobierno de Cristo, debe recibir y ejercer estos dones o talentos con humildad y gratitud, atendiendo en todo con entera sujeción a la Cabeza Espiritual. La iglesia que apaga el Espíritu y vive solamente para sí misma tiene que morir.
Creemos que la predicación del Evangelio es uno de los medios principales, ordenados por Dios, para la proclamación de las buenas nuevas de vida y salvación por el Redentor crucificado, para despertar y convertir a los pecadores, consolar y edificar a los creyentes. Como es prerrogativa solamente de la Cabeza Espiritual de la iglesia escoger y llamar a los ministros de su Evangelio, así creemos que tanto el don como la habilidad para ejercerlo debe derivarse inmediatamente de El; que como en la iglesia primitiva, así ahora El concede dones espirituales tanto a las mujeres como a los hombres, conforme a la profecía citada por el apóstol Pedro en el día de Pentecostés: "Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán" (Hech. 2:17), de lo cual declara el apóstol: "Para vosotros es la promesa y para vuestros hijos y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare" (Hech. 2:39). Y, como el don es gratuito, debe ejercerse gratuitamente (Mat. 10:8; Hech. 20:33-35) en sencilla obediencia a la voluntad de Dios.
Los dones espirituales, aunque son en sí mismos preciosos, no deben confundirse con la gracia divina; ellos añadan a nuestra responsabilidad, pero no elevan al que ministra por encima de sus hermanos en la fe. Deben ejercerse siempre en dependencia continua del Señor y bendito es aquel ministerio que hace humilde al hombre y ensalza a Cristo y su gracia. Como dijo nuestro Señor: "sea el mayor entre vosotros como el más jóven y el que dirige, como el que sirve." "Yo estoy entre vosotros como el que sirve" (Luc. 22:26,27).
Aunque la iglesia no puede conferir los dones espirituales, es su deber, no obstante, reconocerlos, cultivarlos y promover su eficacia por todos los medios que estén a su alcance. Mientras por un lado el Evangelio nunca debe predicarse por dinero (Hech. 8:20; 20:33-35); por otra parte, es deber de la Iglesia hacer tal provisión para que nunca se impida por falta de recursos (1ª Tim. 5:18; Gal. 6:6, 1ª Cor. 9:14).
La iglesia, en su verdadera lealtad, nunca debe olvidar su parte de la comisión: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura" (Mar. 16:15). Sabiendo que solamente el Espíritu de Dios puede preparar y hacer aptos los instrumentos que cumplen sus mandamientos, los verdaderos discípulos se hallarán en el día de hoy, como en los días antiguos, sentados a los pies de Jesús, escuchando para aprender y aprendiendo para obedecer. El discípulo humildemente se pone a la disposición de su Señor y cuando oye el llamado: "¿A quién enviaré y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí" (Isa. 6:8).
La oración es el resultado de un sentimiento de nuestra necesidad y de nuestra continua dependencia de Dios. El que dió la invitación: "Pedid y se os dará" (Mat. 7:7), es el mismo Mediador y Sumo Sacerdote que por su Espíritu mueve la petición y la presenta aceptable a Dios. De acuerdo con tal invitación, la oración llega a ser el deber y el privilegio de los cristianos. La oración es, al alma despierta, la expresión del grito: "Dios, sé propicio a mí, pecador." (Luc.18:13) y en cada circunstancia de la vida del creyente la oración es esencial para la vida espiritual. Una vida sin oración es prácticamente una vida sin Dios. La vida del cristiano es un continuo pedir.
La sed que mueve la petición produce, al satisfacerse, un ardiente anhelo y prepara el alma para recibir mayores beneficios que vienen de Aquel que se deleita en bendecir. La oración no se limita al aposento particular. Cuando es pronunciada en respuesta a los movimientos del Espíritu Santo, llega a formar una parte importante del culto público y, dondequiera que se reune el pueblo del Señor en su nombre, es su privilegio esperar a El en espíritu de gracia y petición (Zac. 12:10). Una vida de oración es una vida de alabanza. Como la paz de Cristo reina en la iglesia, los miembros vivificados aceptan todo lo que reciben, como de su pura bondad y cada día les trae nuevas muestras del amor de su Padre. Satisfechos por la bondad de Su casa, ya sean individuos, ya sean familias o congregaciones, "perpetuamente te alabarán" (Sal. 84:4), diciendo: "Bendice, alma mía, a Jehová y bendiga todo mi ser su santo nombre" (Sal. 103:1).
La conciencia debe ser libre y en materia de doctrinas religiosas y culto, el hombre debe responder solamente a Dios. Estas son verdades terminantemente declaradas en el Nuevo Testamento y confirmadas por todo el plan del Evangelio, así como por el ejemplo de nuestro Señor y sus discípulos. Regir la conciencia del hombre y exigir lealtad espiritual corresponde a la alta y sagrada prerrogativa de Dios únicamente. En la práctica de la religión, todo acto debe ser libre y espontáneo. Un culto forzado es una contradicción de ideas porque estamos en tiempos de gracia y el culto al Padre tiene que ser en espíritu y en verdad (Juan 4:24).
Hemos sostenido siempre que es deber de los cristianos obedecer los decretos del gobierno civil, salvo en casos en que se interfieran a nuestra lealtad a Dios. Debemos mucho a los beneficios del gobierno civil, porque de él recibimos libertad y protección en conexión con la ley y orden. El gobierno civil es la ordenanza de Dios (Rom.13:1; 1ª Ped. 2:13-16), instituido para promover el bienestar del hombre, por cuya razón los magistrados son enviados por Dios, para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Por lo tanto, es para nosotros materia de conciencia tributarles respeto y obediencia en el ejercicio de sus legítimas atribuciones.
El matrimonio es una institución ordenada por Dios mismo, nuestro Creador, para el auxilio y la continuación de la familia humana. No es sencillamente un contrato civil y nunca debe buscarse sin referencia a la sanción y bendición de Aquel que lo ordenó. Es una obligación solemne para toda la vida (Mat. 19:5,6), diseñado al auxilio mutuo y consuelo de ambos sexos, para que sean ayuda mutua, tanto en las cosas temporales como en las espirituales. Para este fin debe implicar armonía en asuntos espirituales y temporales y contraerlo debe ser discreta y sobriamente en el temor de Dios.
Nos vemos obligados a expresar nuestra convicción inconmovible de que toda guerra es incompatible con los preceptos claros de nuestro Señor y Legislador y con el espíritu de su Evangelio y que ningún pretexto de necesidad o de política, por urgente que sea, puede relevar a las personas o a las naciones de su lealtad que deben a aquel que ha dicho: "Amad a vuestros enemigos" (Mat. 5:44; Luc. 6:27). Cuando recomendó este amor y perdón de injurias, Aquel que nos compró para sí mismo no ha ordenado para el hombre preceptos que no puede poner a la práctica o que deben posponerse hasta que todos se hayan persuadido a cumplirlos.
No podemos dudar de la autoridad actual de estos preceptos. Tenemos en las Escrituras proféticas la distintiva exhortación de su aplicación directa, no solamente a individuos sino a naciones también (Isa. 2:4 y Mic. 4:3)). Cuando las naciones conformen sus leyes con estas enseñanzas divinas, las guerras terminarán, (Miq. 4:3).
Con humildad y lealtad a nuestro Señor, expresamos nuestra firme convicción de que todas las exigencias del Gobierno civil y el orden social pueden unirse bajo la bandera del Príncipe de Paz en estricta conformidad con Sus mandamientos.
Creemos que es el privilegio inalienable del discípulo de Cristo que sus declaraciones, tocante a hechos que caen bajo su conocimiento, deben ser aceptadas bajo cualquier circunstancia, expresando su creencia acerca de aquellos hechos. Descansa nuestra creencia en el mandamiento claro de nuestro Maestro y Señor: "No juréis en ninguna manera" (Mat. 5:34) y creemos que cualquier quebrantamiento de esta norma es perjudicial a la causa de la verdad y destruye aquella confianza que debe existir entre hombre y hombre y que es indispensable mantener para nuestro bienestar mutuo. Este mandamiento, según creemos, no se aplica solamente a la blasfemia y vanos juramentos, sino también a los juramentos judiciales; abroga todo permiso anterior y contrario y es para el cristiano del todo concluyente. (Véase Apéndice "D", pág.135, "Forma de Afirmación".)
Mientras el recuerdo del Creador debe estar en todo tiempo presente con el cristiano, expresamos nuestra gratitud a nuestro Padre Celestial que se dignó apartar un día de 7 para honrar el día del Señor en el ejercicio de los deberes ecclesiásticos y el culto público; deseamos que todos nuestros miembros se gocen de este gran privilegio, como los que han resucitado con Cristo y buscan las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios (Col. 3:1). Esperamos que la libertad que así se logre de los quehaceres se aproveche diligentemente. Especialmente en este día de la semana las familias Amigos deben reunirse para la lectura de las Sagradas Escrituras, la oración y meditación; que con el uso sabio de nuestro tiempo y fuerzas, las obligaciones del día puedan ser planeadas de tal manera que no frustren la provisión bondadosa de nuestro Padre Celestial, ni cierren la oportunidad para asistir al culto público, para celebrar el culto familiar, la devoción privada o la lectura devocional.
Al presentar esta declaración de nuestra fe cristiana, deseamos que todos nuestros miembros sean de nuevo alentados a la humildad y a la devoción, a la renovada fidelidad en cumplir su parte en la gran misión de la iglesia y por medio de ella al mundo en derredor nuestro, en el nombre de nuestro Redentor crucificado. Vida de Cristo y vida en Cristo son siempre la base de la vida para Cristo. Para este fin hemos sido creados y redimidos y solamente por El pueden ser satisfechos los anhelos de nuestras almas inmortales. (Aquí termina la Declaración de Principios proclamada en la ciudad de Richmond en 1887.)
Es el deber y privilegio de los creyentes reunirse para el servicio público de adoración a Dios. Cada vez que hacen esto es una profesión pública de su fe en Cristo al mundo y es cuando uno aprovecha las oportunidades de recibir bendiciones espirituales yayuda mutua que en otro lugar no se ofrece.
Adoración es el acto más alto que las facultades humanas son capaces de hacer y este hecho puede ser verdaderamente realizado solamente como respuesta a la influencia del Espíritu de Dios. Adoración pública en la Iglesia Cristiana está de acuerdo con la declaración de nuestro Señor que dijo: "Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mat. 18:20). Al decir "congregación" hablamos de la congregación del Señor y la reunión es primordialmente con El. El hace sentir su verdad al espíritu y al alma de los creyentes; de este modo, por medio de Cristo, el Sumo Sacerdote e Intercesor, ellos son capacitados para adorar al Padre en espíritu y en verdad. La adoración nunca se atiene a formas, ni por falta de ceremonias formales. La adoración puede ser con palabras o sin palabras; ambas son reconocidas y valoradas no como un fin, sino como un medio hacia el logro de un fin que es la divina bendición sobre cada individuo y la congregación.
Como Maestro de la Asamblea, el Señor dirige y guía el ejercicio provechoso de Su congregación. El llama y capacita a quien El elige para que sea portador de Su mensaje y el creyente tiene que guardarse en obediencia y sumisión a la voluntad de Dios. El servicio de adoración es divinamente dirigido para la edificación de los creyentes en la verdad y para la proclamación de mensajes frescos y vivientes para la salvación del mundo.
Agradó a la Cabeza de la Iglesia hacer uso de los instrumentos humanos en la realización de Sus propósitos; para éste fin El continua otorgando dones especiales sobre algunos miembros de su cuerpo para la propagación del Evangelio, para el perfeccionamiento de los creyentes y para la edificación y fortalecimiento de todo el cuerpo en fe, vida y poder. El hacer uso de estos dones es un recurso potente por medio del cual la Iglesia trae la verdad a la conciencia de los individuos, interpreta y proclama el mensaje y revela su alcance y propósito. Hay una variedad de dones en el ministerio y en un cuerpo correctamente organizado hay provisión para el ejercicio y desarrollo de todos. No es fácil sacar una clara distinción entre los diferentes tipos de ministerio; a veces están unidos en una sola persona, quien está así capacitada especialmente para una ayuda servicial.
Hay el don del ministerio de enseñar y exponer la verdad. Aquellos que poseen este don están capacitados para contribuir en diferentes niveles a establecer la membresía (Efe. 4:12) y la expansión del concepto de las cosas divinas. Este ministerio de enseñar requiere una mente balanceada, adiestrada y bien proporcionada y la consagración de esta mente al servicio de Dios quién es la verdad.
Hay el don de ministrar a los estados emotivos de ánimo y las necesidades de las personas individuales y de las congregaciones. Este ministerio profético está caracterizado por su visión espiritual, la evidencia en sí misma de su mensaje y que se adapta para la situación. Es un don que ve la verdad inmediatamente y que la enseña efectivamente a otros.
Hay el don de evangelismo, que es una habilidad para hacer una apelación al corazón humano y para conmoverlo a un reconocimiento del amor de Dios y de Su propósito para la humanidad, el poder de convencer y mover a las almas. Aquellos que poseen este don están bién aptos para el trabajo evangelístico.
Hay también el don pastoral, el cual consiste especialmente en la habilidad de hacer trabajo personal con individuos y con familias. Este don capacita al poseedor para confortar aquellos que lloran, para dirigir a los miembros a una vida cristiana más íntima, para despertar en los jóvenes interés en las cosas del Espíritu y para impactar a otros con un sentimiento de la extensión y realidad de la vida espiritual. Es el don de pastorear y alimentar al rebaño.
La Iglesia no hace, ni nombra ministros; solamente puede reconocer dones donde estos existen y apropiadamente proveer para su ejercicio y desarrollo como un regalo sagrado de la Cabeza de la Iglesia.
Introducción
El propósito del Autoexamen es de dirigir la atención al origen verdadero de la fuerza espiritual, de promover lealtad individual a Cristo y de mantener la Iglesia en una condición saludable. Es de valor al evaluar el estado de la Iglesia y en ayudar miembros a determinar, a través del propio examen, si es que están viviendo vidas cristianas consistentes. El Autoexamen debe de leerse frecuentemente en devociones privadas y en ocasiones especiales en la Iglesia Local. Tiempo suficiente debe dedicarse para una atenta consideración.
Crecimiento Espiritual
l° ¿Te esfuerzas para una realización constante de la presencia de Dios en tu vida? ¿Eres sensitivo y obediente a la dirección del Espíritu Santo? ¿Te esfuerzas para avanzar en tu crecimiento espiritual, por la oración en el estudio de la Biblia y de otra literatura devocional?
Reuniones de Adoración y Negocios
2° ¿Son todas las reuniones de adoración y de negocios debidamente celebradas y eres tu regular y puntual en asistirlas? ¿Vienes con un corazón y una mente preparados para estar en comunión con Dios y compañerismo con otros? ¿Asumes individualmente tu debida porción en la responsabilidad por el trabajo y la adoración de la Iglesia? ¿Es tu tiempo en la Sesión de Negocios de preocupación espiritual y una búsqueda en oración del camino de la verdad?
Compañerismo Cristiano
3° ¿Se aman unos a otros (Jn. 13:34) conforme conviene a los seguidores de Cristo? ¿Eres tu cuidadoso de la reputación de otros? Cuando hay disensiones, ¿haces tu un esfuerzo serio para pacificarlas rápidamente?
Hogar y Familia
4° ¿Practicas la lectura diaria de las Sagradas Escrituras en tu hogar, dando tiempo para la meditación reverente? ¿Es tu hogar un lugar hospitalario, amistoso, pacífico y de compañerismo cristiano? ¿Promueves la vida espiritual y moral de tus hijos a través de una supervisión cuidadosa de su educación, recreación y amistades?
La Iglesia y la Juventud
5° ¿Velas por la conversión y desarrollo espiritual de los jóvenes? ¿Te esfuerzas en instruirles en los principios y prácticas de los Amigos? ¿Luchas por crear una vida comunitaria que promueva su bienestar mental y físico?
Normas de Vida
6° ¿Observas sencillez y moderación en tu manera de vivir? ¿Das una atención apropiada a las reglas de salud? ¿Eres cuidadoso en evitar los lugares de diversión que son inconsistentes con tu carácter cristiano? ¿Practicas total abstinencia del tabaco, narcóticos y bebidas alcohólicas?
Responsabilidad en los Negocios
7° ¿Evitas una expansión de tus responsabilidades de negocios que pueda peligrar tu integridad personal? ¿Eres sincero y honesto en tus transacciones de negocios, puntual en cumplir tus promesas y puntual en el pago de tus deudas?
Obra Misionera
8° ¿Haces un esfuerzo diligente para familiarizarte y también a aquellos que están bajo tu cuidado de las necesidades espirituales del mundo? ¿Apoyas a través de la oración y dando sistemáticamente para aquellos que están trabajando para extender el Reino de Dios? ¿Usas tus dones espirituales en servir a la humanidad según Dios te va iluminando para este servicio?
Paz
9° ¿Practicas consistentemente los principios cristianos de amor y benevolencia para con todos los hombres? ¿Trabajas activamente por la paz y por quitar las causas de guerra? ¿Observas el testimonio de los Amigos en contra del entrenamiento y servicio militar? ¿Te empeñas en hacer claro a todos los que puedes influenciar que la guerra es contrario con el espíritu y las enseñanzas de Jesús?
Actitudes en Relaciones con Otras Razas
l0° ¿Indica tu actitud hacia los de otras razas tu creencia en su derecho de igualdad de oportunidad? ¿Crees en la capacidad espiritual de las personas de todas las razas y reconoces su igualdad delante de los ojos de Dios? ¿Estás conciente de tu responsabilidad como cristiano de ayudar en la eliminación de la discriminación y prejuicio racial?
Conciencia Social
11° ¿Estás interesado en que nuestro sistema económico debe funcionar para sostener y enriquecer la vida de todos? ¿Estás dando un servicio positivo a la sociedad en la promoción de métodos pacíficos de ajustes en todos los casos de conflicto social e industrial? ¿Te esfuerzas como trabajador, empleador, productor, consumidor e inversionista en cultivar benevolencia y entendimiento mutuo en tus relaciones económicas? ¿Ejercitas inteligentemente todos los privilegios constitucionales hasta promover la influencia cristiana a nivel local, nacional e internacional?
Responsabilidades de la Membresía
1° ¿Como Ancianos y Ministros, miembros del Concilio, reconocen su responsabilidad en ser un ejemplo de fidelidad y lealtad a las reuniones de adoración y de negocios? ¿Aceptan nombramiento a este grupo como respuesta definitiva al Supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús? (Fil. 3:14). ¿Están preocupados en que las necesidades de todos sean ministradas en nuestras Iglesias, ya sea en adoración silenciosa, en predicación inspirada o con música reverente?
Relación con otros miembros
2° ¿Están concientes de la necesidad de tener relación armoniosa con sus compañeros miembros de la Iglesia, como base para el más efectivo servicio de la Iglesia? ¿Están, como líderes en la Iglesia, esforzándose a ganar a personas para Cristo y a fortalecer la fe y lealtad de sus hermanos en Cristo?
Dones Espirituales
3° ¿Se esfuerzan en reconocer y desarrollar sus talentos especiales y habilidades para el servicio en la Iglesia? Además, ¿oran para dirección divina en su uso? ¿Cultivan los dones espirituales de los miembros de su Iglesia? ¿Están siempre listos a alentar y a aconsejar a aquellos que se ocupan en el ministerio hablado o en otro servicio cristiano?
Vida y Conducta Personal
4° ¿Provees en tu horario de actividades una oportunidad para las devociones diarias? ¿Buscas en oración la dirección del Espíritu Santo en la interpretación de la verdad de las Escrituras? ¿Refleja tu conducta personal la verdadera dignidad del carácter cristiano como se manifiesta en las Sagradas Escrituras? ¿Siempre te esfuerzas por vivir de tal manera que tendrás una conciencia limpia ante Dios y el hombre.
La Parte Segunda de Fe y Práctica contiene los procedimientos de negocios de la Iglesia Evangélica Amigos, sus Consejos y Comités. Procedimientos para las Iglesias locales se encuentran aquí también. Los procedimientos de negocios dados fueron aprobados en 1986, con unas revisiones antes del 26 de Junio de 1994.
Los números de Artículos, entre paréntesis, indican el número en la edición inglesa que difieren de la edición española.
NOTA: Históricamente, Iglesias locales establecidas oficialmente entre los Amigos, han sido llamadas "Juntas Mensuales". Cuando la Junta Anual de California de Iglesia Amigos fue establecida en 1895, la decisión fue hecha en incluir la palabra "Iglesia" en el nombre. Así resultó el nombre "Junta Anual de California de Iglesia Amigos", la cual, desde 1986, se llama "Iglesia Amigos Junta Anual del Sudoeste".
La designación "Junta Mensual" ha sido también usada cuando se habla de una sesión mensual regular para el trámite de negocios. Varias de las Juntas locales o Iglesias locales continuan teniendo juntas o sesiones de negocios regularmente cada mes y se refieren a esas sesiones como "Sesiones Mensuales de Negocios". Debido al factor de que varias congregaciones locales ahora tienen Sesiones de Negocios menos frecuentes, la designación "Sesión Congregacional de Negocios" es aceptable.
La Iglesia Amigos
l° El movimiento de vida espiritual fresca y vigorosa que más tarde vendría a ser la Iglesia "Amigos," frecuentemente llamado "Quakers," se levantó en Inglaterra en el siglo XVII y se extendió rápidamente a través de las Islas Británicas y las colonias Británicas en América. La Junta Anual de la Iglesia Amigos de California fue establecida en la ciudad de Whittier, el 6 de Marzo de l,895, durante un despertamiento espiritual y expansión de la Iglesia. El nombre fue cambiado a "Iglesia Amigos Junta Anual del Sudoeste" en l,986.
Los Amigos reconocemos que somos parte de la Iglesia de Cristo. Sabemos que El tiene muchos discípulos genuinos en otras denominaciones de Su Iglesia en todo el mundo y que todos estos hacen el cuerpo entero de sus verdaderos creyentes.
El objetivo de la Iglesia Amigos Junta Anual del Sudoeste es obedecer y exaltar la Cabeza de la Iglesia, el Señor Jesucristo. Por esta razón, en la consideración de todos los negocios, lo ideal es buscar para percibir juntos y hacer la voluntad Divina. Para este propósito todas las sesiones de negocios se conducirán en un espíritu de adoración. También, todos los miembros deben de ser exhortados a expresar lo que ellos entienden que es la voluntad de Dios acerca de las cosas que necesitan consideración.
2° Los Amigos buscan siempre observar el Nuevo Testamento como norma de igualdad para todos los miembros (Gal. 3:26-28; 1ª Cor. l2:13). Oportunidad, privilegio y responsabilidad deben de darse a todos sin importar sexo, raza, origen étnico o tipo de membresía de la Iglesia para participar libremente, ministrando en el nombre de Cristo a través de su Iglesia. Todos deben tener oportunidad de compartir de acuerdo a sus variados dones (Hech. 2:17, 18; 1ª Cor. 12:4-7).
3° La práctica de celebrar sesiones de negocios seguidas de un período de adoración abre el camino para la continuación de un ambiente de compañerismo cristiano experimentado durante este período. El buen modo de conducir estas sesiones, aún en cosas de rutina, es importante para la vida espiritual de todos. Las sesiones de negocio son parte de un compromiso para promover el Reino de Dios y servicio en las sesiones es reconocido como un servicio para El. El mismo espíritu de espera reverente que se practica en las reuniones de adoración también es de ayuda en la búsqueda de la dirección Divina y la unidad de acción en las decisiones.
4° Básicamente, el método de llevar a cabo sesiones de negocios de los Amigos es como sigue: para el trámite de los negocios se espera con la misma expectación por la dirección del Espíritu Santo como en la reunión de adoración. Está dirigida por un presidente moderador, quien, después de un período de adoración, presenta a la misma los asuntos a ser considerados en esa sesión. Se da tiempo suficiente para que se considere y se delibere con cuidado hasta que todos los miembros presentes, quienes sienten preocupación para hablar, sean oídos. Cuando le parece al presidente que la sesión ha llegado a una decisión, él o ella expresa claramente lo que parece ser el "sentir" de la misma. Si los miembros dan su aprobación a lo expresado por el presidente, entonces quedará asentado en acta y se le dará lectura antes de concluir la reunión. No hay decisión hecha por una mayoría que anula la oposición. Acción es tomada solamente cuando el grupo puede proceder en unidad substancial. (Véase el Glosario, números 5- 7).
Si el presidente discierne que la argumentación no es productiva, puede llamar para un tiempo de oración silenciosa o que se posponga el punto a considerar en otra sesión.
Creemos en ambas, la dirección individual y la colectiva; por lo tanto, es nuestra práctica dar una consideración amplia y compasiva a todas las proposiciones y expresiones de preocupación. Debe ser claro, sin embargo, que la dirección del cuerpo toma precedencia sobre la dirección de una sola persona en discernir el sentir de la sesión. (Véase Glosario, Art. 6).
Requisitos para Servir en Consejos y Comités
5° Para que una persona pueda estar elegible para servir como oficial, miembro del Concilio, miembro de los síndicos, presidente de un comité o consejo, o cualquier otro privilegio que requiere madurez espiritual por parte de la persona, debe ser miembro de la Iglesia local. Todos los miembros de los Consejos de la Junta Anual, con la excepción del Consejo del Centro Teológico Amigos (Friends Center, Azusa Pacific University) deben ser miembros de una Iglesia local de la Junta Anual del Sudoeste.
El Período de Servicio de un Cargo
6° Todos los oficiales de la junta mensual de una Iglesia local deberán ser nombrados anualmente, a menos que de otro modo se declare. Todos los nombrados por la Junta deben mantenerse en sus puestos hasta que nombran sus sucesores. Donde hay suficiente número de miembros para permitirlo, los miembros de los comités pueden ser nombrados en ciclos de 2 o 3 años. De acuerdo con los ideales de los Amigos de servicio y la distribución de las responsabilidades, la Iglesia local no deberá prolongar indebidamente los servicios de oficiales y miembros de los comités, ni dar a una sola persona muchos nombramientos. Siguiendo el recomendado sistema de rotación en los puestos, los Amigos pueden desarrollar los dones del mayor número de sus miembros. Donde los números lo permitan, los nombramientos y renombramientos para ciclos de 1, 2 y 3 años no deben extenderse a más de 6 años consecutivos. Donde hay períodos rotativos, cuando un suplente cubre una vacante, lo hará por el período que queda por expirar. (Al nivel de la Junta Anual, el tiempo máximo de servicio es de 10 años para ciertos puestos, tales como presidentes moderadores, miembros del Consejo de Benevolencia y los Síndicos de la Junta Anual.) Un miembro puede ser nombrado nuevamente al mismo cargo después de 1 año fuera del puesto.
Ver: Contenido I; Contenido II
Miembros Activos
7°. Los Amigos reciben como miembros a personas de 16 años o mayores que han manifestado su fe en Cristo como Salvador personal en sus vidas y que están en unidad con las enseñanzas de las verdades cristianas como creen los Amigos, que tienen por lo menos 6 meses de convertidos y hayan llenado los requisitos de Miembros Asociados.
8° Son miembros asociados todas las personas que aun no tienen 6 meses de convertidos pero que ya han hecho pública profesión de fe en el Señor Jesucristo, cuyas vidas testifican de su unión con El, muestran interés en las actividades de la Iglesia y hayan terminado el estudio para nuevos convertidos, aprobado por la Junta Anual. Esta membresía también incluye a menores de 16 años, que llenen los requisitos.
9° Son los que, teniendo membresía activa en otras Juntas Mensuales o Anuales, residen temporalmente en la localidad de la Iglesia y manifiestan el deseo de cooperar con ella. Para ser recibidos como miembros, deberán presentar una Carta de Recomendación de su Iglesia de origen y llenar los requisitos y responsabilidades de la membresía activa. Tienen los mismos derechos de los miembros activos sin voz para decidir. (No se toma dicha membresía en cuenta al informar de Miembros Activos para la Junta Anual.) Esta membresía se termina automáticamente cuando el miembro se retira del lugar en forma definitiva.
10° Se consideran miembros infantiles los hijos de miembros activos, inscritos como miembros automaticamente al nacer; otros niños pueden estar inscritos bajo provisiones especiales.
La inscripción de niños como miembros infantiles es una expresión de la convicción de que los niños nacidos de esta confraternidad justamente poseen una herencia preciosa. Tienen un interés especial en la Iglesia y la esperanza de la ayuda de la misma. Por lo tanto, la Iglesia deberá buscar seriamente su desarrollo y bienestar espiritual. Los Amigos expresan así sus creencias, de que con una dirección apropiada y animación de parte de los padres, maestros, pastores y ancianos, sus niños pueden ser dirigidos para aceptar voluntariamente a Jesucristo como su Salvador personal, como este libro de Fe y Práctica lo presenta.
11° (13-14) Padres y tutores, cuando soliciten membresía o se transfieran de otras denominaciones, pueden llenar el formulario para inscribir sus niños menores como miembros juveniles (13 a 18 años de edad). Cuando solamente un pariente es miembro, los niños pueden ser inscritos como miembros juveniles por medio de la solicitud de un padre miembro y el consentimiento del otro. Dicha solicitud debe ser hecha al Concilio Ministerial. Otros pueden ser recibidos como miembros juveniles bajo la recomendación del Concilio Ministerial, por ejemplo: jóvenes cuyos padres no asisten a la Iglesia.
Jóvenes, antes de cumplir los l6 años de edad, pueden llenar los requisitos de membresía activa para seguir como miembros de la Iglesia local. Véase la Sección "Miembros Juveniles a Membresía Activa", Art. 13.
Ver: Contenido I; Contenido II
A. Por Solicitud a Base de Confesión de Fe
12° (10) "La Solicitud de Membresía" que la Iglesia proveerá debe hacerse por escrito a la Iglesia a través del Concilio Ministerial.
B. Por Transferencia de Miembros Juveniles a Membresía Activa
13° (14) Miembros juveniles deberán transferirse a membresía activa cuando hayan dado una evidencia satisfactoria de haber aceptado a Jesucristo como Salvador, hayan aceptado los principios de verdades cristianas como mantienen los Amigos y hayan solicitado tal transferencia.
Si el miembro juvenil se aproxima a la edad de 18 años sin confesar a Jesucristo como su Salvador y no llega a ser miembro activo de la Iglesia, el asunto deberá considerarse cuidadosamente por el Concilio Ministerial. Si después de que todas las medidas apropiadas han sido hechas para ganar al individuo para Cristo, la persona sigue sin convertirse, la membresía deberá terminarse. En el Registro de la Membresía debe figurar esta terminación, pero la Iglesia no debe cesar de amar al que fue miembro juvenil y tratar de ganarlo para Cristo.
14° (15°) Los miembros que se trasladan a una área donde hay otra Iglesia Amigos deben solicitar el traslado de su membresía a esta Iglesia. A discreción de la Iglesia, la Carta de Traslado deberá emitirse para dicho miembro o familia, si está solicitada, o en su defecto, se emitirá cuando la Iglesia estime conveniente. Esta Carta deberá ser aceptada por la Iglesia a la cual está dirigida, salvo que se presente suficiente razón para negarla. En cada caso la Iglesia que está recibiendo la Carta de Traslado deberá informar a la Iglesia que la emitió de la acción que se tomó. Una Carta de Traslado de membresía se emitirá solamente a la Iglesia local y se enviará al Presidente de dicha Iglesia. Se concede dicha Carta solamente a miembros en plena comunión.
Cartas de Traslado para ministros deberán incluir un informe de su posición como ministro reconocido entre la Iglesia Amigos. (Véase Apéndice B-2, pág. 133.)
D. Afiliación a Nuestra Denominación por Carta de Recomendación
15° (17) Cuando los candidatos para membresía traen a la Iglesia una Carta de Recomendación de otra denominación, la Iglesia puede usar su criterio sobre si se recibe esta recomendación. Todas las Cartas de Recomendación deberán ser presentadas previamente al Concilio Ministerial para su consideración.
Ver: Contenido I; Contenido II
Preparación de los solicitantes
16° (11) Será la obligación del Concilio Ministerial el instruir y guiar a los solicitantes de membresía en su búsqueda de la verdad y determinar si los solicitantes hacen una sincera profesión de fe en Cristo, si aceptan los principios del cristianismo como los sostienen los Amigos y si compartirán en las obligaciones financieras de la Iglesia. Deberá advertir a los solicitantes que las responsabilidades de ser miembros incluyen asistencia regular y fidelidad en servicio.
Después de oir la recomendación del Concilio Ministerial, la Iglesia local decidirá si se reciben a los solicitantes como miembros.
Bienvenida
17° (12). El presidente informará a los solicitantes la decisión de la Iglesia. Si la decisión ha sido favorable, un comité puede ser nombrado para darles la bienvenida. Anuncios de su recepción pueden ser hechos en los servicios de adoración, para que todos los miembros pueden tener la oportunidad de darles la bienvenida.
Afiliación a otras Denominaciones
18° (16) Si miembros de buen testimonio desean unirse con alguna otra denominación, la Iglesia puede concederles una Carta de Recomendación con una copia fiel a la Iglesia a que ellos desean afiliarse. Después de un reconocimiento oficial de su recepción, su membresía con los Amigos deberá cesar.
Registros
19° (18) La aceptación y emisión de todas las Cartas de Traslado y Cartas de Recomendación deberán registrarse en las Actas de la Iglesia Local y el Registro de Membresía deberá cambiarse en conformidad. Véase Apéndice "B-1 y 2", pág. 141.
Cartas de Traslado para ministros deberán incluir un informe de su posición como ministro reconocido entre la Iglesia Amigos.
Ver: Contenido I; Contenido II
Renuncia
20° (19) Una renuncia de membresía será hecha por escrito a la Iglesia a través del Concilio Ministerial. La Iglesia puede ejercitar su discreción en aceptar la renuncia.
Pérdida
21° (20) Cuando miembros se han afiliado con otra denominación sin haber solicitado una Carta de Recomendación, la Iglesia local, al recibir información verídica, deberá corregir en conformidad el Registro de Membresía e informar a los afectados de esta acción.
Cesación
22° (21) Miembros que se trasladan de la ciudad de su Iglesia local deberán mantener contacto con la misma y contribuir con sus diezmos y ofrendas. Las Iglesias deberán mantener comunicación con los miembros ausentes. Si no ha habido ninguna información recibida de ellos o ha sido imposible hacer contacto con ellos por un período de 2 años, la Iglesia, a su discreción, puede corregir en conformidad el Registro de Membresía.
Destitución
23° (22) Cuando los miembros habitualmente descuidan asistir a su Iglesia, dejan de contribuir a su sostén y en general están inactivos en la Iglesia local, la misma, después de un tiempo de oración y debida consideración, puede corregir en conformidad el Registro de Membresía.
Ver: Contenido I; Contenido II
Desconocimiento
24° (23)Todas las acusaciones formales contra los miembros deben