PASAJES PARA EL ESTUDIO: Vean las citas en esta lección.
LECTURA DEVOCIONAL: Salmo 72:1-7.
TEXTO PARA MEMORIZAR: Salmo 29:11.
PROPÓSITO
Entender cómo podemos estar en paz con las autoridades y cómo el gobierno puede fomentar la paz en el pueblo.
I. EVITANDO LA IRA DE LA AUTORIDAD
Todos tenemos contactos con las autoridades o sus representantes, y queremos siempre estar en paz con ellos. Por ejemplo, nos toca pagar el boleto de ornato y otros impuestos. Las miramos al casarnos y al dar parte de nacimientos y de muertes. También las encontramos en los puntos de registro en las carreteras. Entonces siempre nos toca hablar con ellas con sabiduría para evitar su ira. Si les molestamos, ellas no nos atienden y nos causan grandes dificultades. Al hablarles con sabiduría, podemos estar en paz con ellas.
Podemos observar que estos mismos conceptos se aplican con igual validez a nuestras relaciones con jefes enojados y violento. Solamente con mucha sabiduría y cuidado podemos evitar la ira de las autoridades y estar en paz con ellas.
En los años anteriores hubo épocas de gran violencia y abuso por parte de muchas autoridades. Con los gobiernos que representan justamente a sus pueblos, tenemos más protección contra los abusos arbitrarios; pero nosotros siempre debemos ser sabios y cuidadosos con la autoridad para estar en paz con ella.
Debemos recordar que, como cristianos, nuestra meta es servir a los demás. Con esta orientación podemos llegar a un lugar y establecer las relaciones adecuadas con los dirigentes locales. Pero si nosotros llegamos al lugar solamente pensando en las almas que vamos a conquistar, nos van a ver como explotadores de baja categoría, y vamos a caer mal. Es mejor que estemos anunciando la salvación del Príncipe de Paz, quien vino para salvar y sanar. Al declarar nuestra intención de servir y ayudar, ya no van a percibirnos como explotadores. Podemos añadir aquí que las bocinas de parlantes afuera de los templos son prohibidas por las leyes nacionales y destruyen completamente la paz y la tranquilidad de los vecinos que sufren tan frecuentemente este abuso que nosotros los evangélicos acostumbramos imponerles en contra de su buena voluntad. El sabio entrará su bocina adentro de su templo para no enojar a los vecinos, y así evitar la justa ira de las autoridades.
B. LA PACIENCIA CON EL DIRIGENTE (Prov. 25:15)
Como pacificadores nosotros tenemos un llamado a trabajar para la paz y la estabilidad de la sociedad donde vivimos y trabajamos. Este versículo enfatiza que con larga paciencia podemos lograr la paz con los dirigentes. Esta paciencia vale mucho toda la vida. Por ejemplo, hay veces que ciertos alumnos sufren injustamente por los caprichos de un maestro a quien les caen mal. Con paciencia y oración se puede trabajar para solucionar este problema. Lo mismo puede ocurrir con entrenadores y otras personas de muy poca misericordia. El profeta Daniel hizo lo así (Daniel 2:12-16), hablando con sabiduría y tacto con Arioc, capitán de la guardia del rey Nabucodonosor, que había salido para matar a todos los sabios de Babilonia. Daniel con su paciencia, sabiduría y tacto logró prevenir la matanza que hubiera hecho tanto daño en Babilonia. Al seguir con esta historia, Daniel tuvo la oportunidad de dar la gloria a Dios por todo lo que Jehová le había enseñado. Su humildad ante Dios y ante el rey y su lengua blanda quebraron los huesos del capitán y del rey. Él llevó la paz a Babilonia en esa situación.
La paz social solamente puede llegar a una sociedad cuando los justos dirigen esa sociedad. El explotar a los pobres ha sido una característica del pueblo injusto en todas las edades, hecho que notamos en el libro de Amós (Am. 2:6). Este abuso es una de las razones porque los injustos producen la discordia y la violencia en lugar de la paz. El gobierno de los justos trae la paz porque se preocupa por las necesidades de todos los sectores de la sociedad en una forma equitativa. Esto no quiere decir que todos estarán alegres con su administración, pero por lo menos se les atiende a todos. Entonces nuestro llamado como pacificadores es hacer todo lo que podemos para asegurar que los dirigentes sean justos.
B. ENCENDER LA CIUDAD (Prov. 29:8)
El escarnio puede producir profundos resentimientos en las personas que han sido víctimas de él. Por ser objetos de la burla, a veces se enojan y están dispuestas a pelear con cualquier ser vivo. El gobernante que se burla de algún sector de su pueblo está destruyendo la paz con dicho sector. El gobernante pacificador reconoce el valor intrínseco de toda la humanidad y está dispuesto a poner en alta estima a todos sin hacer caso de sus apariencias o actuaciones en la sociedad. Esto no significa que no tenga que castigar a los que, por sus malas acciones, necesitan el rigor de la ley; pero sí, significa que el gobierno reconozca en toda persona sus necesidades y derechos a la par de sus obligaciones. También debe buscar soluciones más justas para resolver cada uno de los problemas.
C. TRATAR A LOS CIUDADANOS BUENOS (Prov. 29:10)
La persona sanguinaria está en contra del pacificador. Los que andan en los caminos de la violencia pierden su equilibrio al tratar con personas de integridad. Como no saben como actuar constructivamente al perder su equilibrio, ellos responden conforme a su propio estilo: con el odio y la violencia. El gobernante recto procurará atender a los ciudadanos buenos y así promoverá la paz en su pueblo.
D. EXPRESAR SUS EMOCIONES (Prov. 29:11)
El sabio no da rienda suelta a su ira, mientras el necio sí lo hace. Por eso el sabio recibe el respeto y la admiración de todos en su contorno. La persona que sosiega su propia ira es la única que puede ser respetado como un pacificador. Entonces el gobernante pacificador es uno que puede controlar su propia ira.
E. DESTRUIRSE POR SU RAPIÑA (Prov. 21:7)
El gobernante que produce la paz en su pueblo es el que se conforma con su salario; mientras el que estafa la caja del estado va produciendo su propia destrucción. El impío sólo piensa en sí mismo y no se interesa en hacer juicio. La honestidad económica es esencial para ser pacificador.
El pueblo pierde interés en el gobernante que tiene la costumbre de escarnecer al pueblo. Hemos visto muchos casos de esto en la historia. Generalmente con echar fuera al escarnecedor, no se solucionan los problemas, el que lo sustituye hace lo mismo. Pero hay veces los cambios han quitado los pleitos y las afrentas, produciendo así la paz nacional. Ahora vamos a ver algunos contrastes en los efectos de los gobiernos sobre los pueblos.
B. CONTRASTES EN EFECTOS (Prov. 11:10-11; 28:12,28; 29:2)
Los líderes justos son muy importantes para la paz y la tranquilidad de la nación. Ninguno puede dirigir una nación y mantener contentas a todas las personas todo el tiempo; pero el justo tiene mejores oportunidades de mantener contentas a la mayoría de las personas, la mayor parte del tiempo. Al fin y al cabo este contentamiento nacional es lo que contribuye grandemente al deseo nacional de producir y de prosperar. También hay posibilidad de que un líder justo fomente un ambiente que conduzca al crecimiento espiritual del pueblo. Pues en todo sentido el dirigente justo tiene mejores posibilidades de gobernar bien a su pueblo.
Ahora debemos decir que no es suficiente ser justo para poder gobernar bien. También es necesario ser capaz. Son pocas las personas capacitadas para dirigir los pasos de una nación.
Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra. Todos descansan porque todo va mejor que cuando dominan los impíos. Hay más seguridad en el pueblo, y menos asesinatos. El gobierno sirve mejor al pueblo y hay más paz.
Muchas veces nuestras capacidades son muy limitadas en trabajar por la paz nacional. Sin embargo, como pacificadores, tenemos un llamado para hacer lo que está en nuestras posibilidades para trabajar por la paz nacional. Podemos, por ejemplo, visitar a diferentes gobernantes para animarles a trabajar por una u otra cosa necesaria en nuestro pueblo. También podemos escribirles cartas aclarando necesidades que nosotros hemos notado y que no están recibiendo atención. Ya hemos mencionado que nosotros nos ponemos a la orden para servir y no para explotar. Al ser conocida a todos nuestra disposición de servir, ganamos la oportunidad, también, de testificar de nuestro Señor Jesucristo a un auditorio dispuesto a escucharnos y poner atención a lo que nosotros predicamos.